
Desde niña mi relación con la educación fue mas que estrecha o más que la necesaria: ir a la escuela, hacer la tarea, jugar y al día siguiente, lo mismo. Mi mamá era maestra, así que yo siempre estuve dentro de un salón de clases, del lado del escritorio cuando a la salida, los días de fiesta o cuando yo no tenía clases, estaba con mi mamá en su trabajo. Sin querer observaba cómo los niños tenían distintas conductas. Había quienes leían muy bien y quienes no querían saber de letras. Mientras mi mamá corregía las tareas de sus alumnos yo me metía dentro de su librero color verde mal pintado ya por los años y leía y olía todos sus libros. Al menos leía lo que me llamaba la atención o veía las ilustraciones, algunas muy bien hechas, otras aburridas. Pero lo que más veía era a mi mamá. Con toda la paciencia del mundo atendía a cada uno de todos esos niños. Les tomaba la mano para guiarlos por el cuadrito. Les cantaba, les leía historias preciosas. De muchas todavía me acuerdo. Muchas veces me puso a tomarles el tiempo de lectura o a revisarles la tarea o a cuidarlos mientras ella iba a la dirección. En fin, así me inmiscuí en la labor que menos deseaba: la docencia. Tengo que decir aquí, que yo quería estudiar medicina o química. Siempre lo quise así. Pero el destino, la vida o como quieran llamarle, me trajeron hasta aquí y no me arrepiento.
Cuando llegó la nueva reforma educativa yo empecé a fijarme más en lo que hacía diariamente porque ahora nos piden escribir lo que hacemos. Luego nos piden hacer lo que escribimos (eso se llama calidad). Antes aunque planeaba cada clase, no tenía conciencia sobre mi trabajo y desempeño. Por ello empezaré por definir la palabra
percibir v. tr.
1 Tener conocimiento del mundo exterior por medio de las impresiones que comunican los sentidos.
La percepción es el primer proceso cognoscitivo, a través del cual los sujetos captan información del entorno, la razón de ésta información es que usa la que está implícita en las energías que llegan a los sistemas sensoriales y que permiten al individuo animal (incluyendo al hombre) formar una representación de la realidad de su entorno. La luz, por ejemplo codifica la información sobre la distribución de la materia-energía en el espacio-tiempo, permitiendo una representación de los objetos en el espacio, su movimiento y la emisión de energía luminosa.
Este es un modelo virtual de la realidad que utiliza la información almacenada en las energías, procedimientos internos para decodificarlas e información procedente de la memoria que ayuda a terminar y completar la decodificación e interpreta el significado de lo recuperado, dandole significado, sentido y valor.
Diariamente trato lo más posible de llevar lo que he planeado en mi secuencia didáctica al pie de la letra aunque se que no siempre es posible. Como maestros solemos quejarnos que los alumnos de bachillerato vienen mal de la secundaria pero tenemos que darnos cuenta que ya están aquí, que ya son nuestra responsabilidad para que sigan “funcionando”. Que día a día hay que poner todo el esfuerzo, que tenemos una responsabilidad ante las autoridades escolares y ante los padres de familia de cuidar de ellos y su desarrollo y formación. No están ellos al servicio de nosotros, nosotros estamos a su servicio.
A manera de analogía, les quiero compartir un relato que me encanta y que espero además de ser de su agrado, cumpla con la misión de clarificar lo que he querido decir:
Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj
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Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
Julio Cortázar.
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